Archipiélago 111

Pasado, presente y futuro. Estos tiempos de pandemia nos han hecho reflexionar sobre el devenir del género humano y su relación con la naturaleza, de la que proviene. El origen del coronavirus se sitúa como sabemos en el ámbito biológico; especialistas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguran que procede de los murciélagos y nació en la ciudad china de Wuhan en diciembre de 2019, de donde se diseminó rápidamente a muy diversas latitudes, afectando la salud de la población mundial de manera grave. 

El 11 de marzo de 2020 la OMS declaró la pandemia generada por el virus SARS-CoV2 (COVID-19). Las medidas de protección se difundieron de inmediato. No obstante, pasado un año suman ya más de 120 millones de contagios y el número de fallecimientos supera los dos millones. “Nuestro mundo ha alcanzado un hito desgarrador”, dijo recientemente el secretario general de la ONU Antonio Guterres, en una declaración de video. Aunque la campaña de vacunación se desarrolla gradualmente a nivel mundial ―con los problemas y contradicciones que eran de esperarse al estar presente el mercado―, la confianza se cimbra, a lo que contribuyen de múltiples maneras el poder mediático y sus fake news. Decenas de países permanecen marginados, al no tener los recursos necesarios para adquirir las vacunas. Las cepas emergentes provocan por otra parte nuevas olas de contagios y fallecimientos en todos los continentes. 

El confinamiento al que hemos sido sometidos ha generado múltiples efectos emocionales, como era de esperarse. Y mucha incertidumbre. La inteligencia artificial y la tecnología de la información están presentes en todos los campos, como el trabajo, la educación y la cultura. Lo presencial, salvo excepciones, ha sido sustituido por lo virtual. La crisis económica que se extendía mundialmente antes del surgimiento del Covid-19 ha sido acelerada por la pandemia. La concentración de la riqueza, el desempleo, la pobreza extrema, la desigualdad social, los problemas de género, las migraciones masivas, el racismo, la degradación ambiental y la inconformidad popular son hoy mayores que nunca. Estos escabrosos temas afectan notablemente a la cultura de Nuestra América. No cabe duda, la salida de esta crisis global sólo será posible si actuamos de manera colectiva y solidaria los seres humanos para lograr el bien común. Los principios y valores altruistas que deben regirnos socialmente habrán de estar presentes. Si algo está en duda en el mundo que nos ha tocado vivir es precisamente el futuro que nos espera. El porvenir

En esta edición 111 de Archipiélago varios de nuestros colaboradores se manifiestan al respecto. El intelectual panameño Nils Castro lo dice claramente en su artículo: “El mundo, sus poblaciones y demografías, la complejidad social, y las condiciones de trabajo y creación han cambiado. No hay un pasado al cual retornar. Es imperativo desarrollar otras formas de organización y comunicación de ese intercambio de ideas, lo que exige esclarecer cuáles son las nuevas propuestas socioeconómicas, factibles y sostenibles, por las cuales se lucha.” Y el filósofo costarricense Arnoldo Mora, agrega: “Estamos, en consecuencia, ante una profunda ‘revolución’ en todas las dimensiones de la vida humana; un nuevo hombre está a punto de surgir de la actual crisis con la rapidez propia del actuar humano, mayor que la que caracteriza a los procesos evolutivos de la Naturaleza.” 

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